A veces tu cabeza nublada se deja de ideas estancadas.
A veces quieres mucho, nada en particular, sólo quieres.
Otras, sientes una pena tan grande que se te vacían los huesos.
En particular, las cosas efímeras son la fuente de tu amor.
Te enamoraste de alguien, no por lo que es, sino, por esa escena.
Te has quedado observando afuera, detrás del vidrio de la panadería, viendo como ella pide el kilo de pan para la once. No la escuchas, ni ella a ti, estás demasiado preocupado de sus manos, de lo que mira, de como mueve su boca en un silencio de calle.
Deseas que te mire, pero no tanto, solo basta con que ella esté allí, a esa hora de la tarde y en ese mismo lugar.
Piensas ahora en volver mañana, mejor aún, buscarla ahora mismo, darle el beso de su vida y no dejarla escapar jamás.
Esa fantasía te corrompe el sueño, un delirio en el que piensas cada vez que te pones las zapatillas. Ahora quieres suspirar, porque sabes que no está aquí contigo, está allá, probablemente comprado algo en la panadería, qué se yo, un dulce.
Pero prefieres mil veces ser ese dulce que estar acá, en tu pieza, que te sabe a nada, con esas zapatillas que todavía no atas.
Podrías salir corriendo ahora mismo e ir a buscarla, sabes que está allá esperando a que llegues tú, tal vez no sepa que existes, pero tú sí. Da un paso, tan solo uno fuera de tu pieza, ahora da ese mismo paso hasta la panadería, piensa en dos pasos simples, pasos que te conviertan en el dulce que ahora mismo debe estar metiéndose a la boca.
Qué escena la que has construido, acelera el paso, ese ahogamiento de sentirte volando es lo que esperaste toda la vida. Sácate una foto y mira como tus piernas se extienden hasta quedar ambas en el aire, como un caballo del derby.
No pares, no respires, no te ates las zapatillas, no sigas el ritmo, que no te paren las luces rojas, llega antes que se vaya, es la oportunidad.
Nunca te has sentido con tan poco equilibrio, a tan pocos metros, la vitrina te espera con el olor de la tarde a pan fresco. Si todo ese correr se hizo tan fácil, no dejes que tus piernas tiemblen ahora, nadie ha vomitado por el olor a pan de once.
Acércate, de a poco, ella tal vez nunca te ha visto, ese silencio de calle lo acabarás con tus temblorosas piernas. Sabrás su voz, no callará por la vitrina, sabes que esa voz la has escuchado en tus sueños, en tus mañanas y noches de zapatilla.
Algunas veces crees que el amor no viene a ser nada en particular, solo sientes que es amor.
A veces, sientes una pena tan grande, que sentarte afuera de la panadería es sentir que tus piernas ya no tienen huesos.
Otras veces prefieres que tu mente esté vacía de dulces, de tardes y de zapatillas.
Pero lo que sientes ahora mismo, es que el pan, está añejo.
Pieza de tela que cuelga en la parte superior de la cortina o cortinaje como adorno pero que es independiente de su mecanismo permaneciendo fija.
domingo, 9 de mayo de 2010
viernes, 30 de abril de 2010
Noche invertida
Una figura desteñida de un color impropio, unida a alguien a quién no conoce.
No es el dueño el que vive en un cuerpo extraterrestre, unida por sus pies, separada por la luz, y apagada por la penumbra.
Su incomprensión es este mundo desconocido, repleto de espejos coloridos y de transparencias y objetos toscos hacen que cambie de forma.
Se alarga cuando tratan de intensificarla a lo lejos, ve mejor por las noches, y casi se ausenta en las mañanas. Si se pone borrosa, es porque alguien se pone a escribir en una tarde solitaria de su pasado.
Si es vista, es porque alguien camina por una calle solitaria y se encuentra mirando el suelo. Si se ve irregular es porque alguien ya ha caminado antes que esa persona por una playa de luna llena.
El cuerpo de color impropio, desconocido por los espejos, con aires de pies que levantan tierra y mueven piedras. La que camina detrás de los pies, lejos de alguien a quién está aferrada, y cuando trata de parecerse a la distancia de las cabezas y a los cuerpos ajenos.
La que se encuentra en chistes de mundo, en encuentros y desencuentros con su amo invertido. Pero en esas noches invertidas de luz y zancudos en los faroles, es una copia invertida que danza en ángulos indefinibles a esas horas de la madrugada en una plaza fría.
El Alicurco
No es el dueño el que vive en un cuerpo extraterrestre, unida por sus pies, separada por la luz, y apagada por la penumbra.
Su incomprensión es este mundo desconocido, repleto de espejos coloridos y de transparencias y objetos toscos hacen que cambie de forma.
Se alarga cuando tratan de intensificarla a lo lejos, ve mejor por las noches, y casi se ausenta en las mañanas. Si se pone borrosa, es porque alguien se pone a escribir en una tarde solitaria de su pasado.
Si es vista, es porque alguien camina por una calle solitaria y se encuentra mirando el suelo. Si se ve irregular es porque alguien ya ha caminado antes que esa persona por una playa de luna llena.
El cuerpo de color impropio, desconocido por los espejos, con aires de pies que levantan tierra y mueven piedras. La que camina detrás de los pies, lejos de alguien a quién está aferrada, y cuando trata de parecerse a la distancia de las cabezas y a los cuerpos ajenos.
La que se encuentra en chistes de mundo, en encuentros y desencuentros con su amo invertido. Pero en esas noches invertidas de luz y zancudos en los faroles, es una copia invertida que danza en ángulos indefinibles a esas horas de la madrugada en una plaza fría.
El Alicurco
martes, 27 de abril de 2010
El contrato de una sombra
Contrato de cenizas encendido y quemado por un mismo par de pies.
Encogerse en una esquina escuchando pisadas de distintos zapatos.
Discriminar aquellos pies en la calle paralela, tratar de alargar las uñas de mis zapatos para poder estar junto a ella.
Sentir las mangas quemadas, retomar las cenizas del papel sin firma, tratar de no chocar con alguna pierna ajena.
Que firme con el aliento, con sus labios, me basta con su huella digital entintada en las cenizas.
Porque aunque sé y sabemos que yo firmé mis declaraciones en lo que ahora se lleva el viento, nunca sabremos si el contrato uniría nuestras firmas por siempre.
Ahora admite tú que tus pisadas huelen a suela quemada, que desde esta esquina y todo el largo de la otra calle huele a ti.
Y aun que te acuerdes de mis mangas tocadas por tus manos, no recordarás que ahora mismo se están quemando. Tampoco recordarás estas cenizas, ni estos pies, y tal vez tampoco esta calle, ni menos esta esquina.
Los ojos pesados, ardientes, con pupilas dilatadas y estas pestañas quemadas se niegan ceder la danza de lo que fueron alguna vez, una hoja de compromiso.
El Alicurco
Encogerse en una esquina escuchando pisadas de distintos zapatos.
Discriminar aquellos pies en la calle paralela, tratar de alargar las uñas de mis zapatos para poder estar junto a ella.
Sentir las mangas quemadas, retomar las cenizas del papel sin firma, tratar de no chocar con alguna pierna ajena.
Que firme con el aliento, con sus labios, me basta con su huella digital entintada en las cenizas.
Porque aunque sé y sabemos que yo firmé mis declaraciones en lo que ahora se lleva el viento, nunca sabremos si el contrato uniría nuestras firmas por siempre.
Ahora admite tú que tus pisadas huelen a suela quemada, que desde esta esquina y todo el largo de la otra calle huele a ti.
Y aun que te acuerdes de mis mangas tocadas por tus manos, no recordarás que ahora mismo se están quemando. Tampoco recordarás estas cenizas, ni estos pies, y tal vez tampoco esta calle, ni menos esta esquina.
Los ojos pesados, ardientes, con pupilas dilatadas y estas pestañas quemadas se niegan ceder la danza de lo que fueron alguna vez, una hoja de compromiso.
El Alicurco
sábado, 3 de abril de 2010
Operaciones de ensueño
Siento un extraño mareo, la puerta está abierta. Hay una mosca rondando, ya ha pasado varias vueltas por los restos de la sopa.
Aún me siento cansado cómo para seguir su vuelo, los párpados palpitan, la garganta pica, y mucho. Si pudiera rasgarla por dentro, ni tragando grandes cantidades de saliva puedo aliviar la comezón.
Un techo parecido, tal vez un blanco más puro. Debo darle una retocada al mío, huele a pollo y zapallo, enfermante zumbido, maldito haz de luz que me da en la punta de la nariz.
Ahora tengo sed, tengo los labios como partidos, los dientes cubiertos por saliva viscosa. Debo llevar mucho tiempo dormido, pero aun que no pueda saber bien donde estoy, y los ojos están fuera de órbita y la garganta me da una rabia asquerosa, no recuerdo nada.
Lo último fue... no lo recuerdo bien, es cómo cuando te duchas y el espejo queda borroso por el vapor del agua caliente. Algo así cómo una mano blanca, una guante debe haber sido. Pero algo me encandiló, algo brillante, un sonido metálico.
Continuará...
Aún me siento cansado cómo para seguir su vuelo, los párpados palpitan, la garganta pica, y mucho. Si pudiera rasgarla por dentro, ni tragando grandes cantidades de saliva puedo aliviar la comezón.
Un techo parecido, tal vez un blanco más puro. Debo darle una retocada al mío, huele a pollo y zapallo, enfermante zumbido, maldito haz de luz que me da en la punta de la nariz.
Ahora tengo sed, tengo los labios como partidos, los dientes cubiertos por saliva viscosa. Debo llevar mucho tiempo dormido, pero aun que no pueda saber bien donde estoy, y los ojos están fuera de órbita y la garganta me da una rabia asquerosa, no recuerdo nada.
Lo último fue... no lo recuerdo bien, es cómo cuando te duchas y el espejo queda borroso por el vapor del agua caliente. Algo así cómo una mano blanca, una guante debe haber sido. Pero algo me encandiló, algo brillante, un sonido metálico.
Continuará...
Me declaro
Declaro que soy hombre
Sigo sin palabras con sentido
Trabalenguas de domingos en familia
Erección de cabellos mojados
Duchas largas
Pensamientos cortos
El agua hierve
y se evapora
Olor a pies de bosque
Barro seco
Declaro mi odio a las personas
Cenizas en agua
Piscina sin cloro
Y pestañas quemadas
Parpadeo doble, grieta desfigurada
Niños jugando a la medianoche
Tragando áspera saliva... duermo
Declaro ser humano
El Alicurco
Sigo sin palabras con sentido
Trabalenguas de domingos en familia
Erección de cabellos mojados
Duchas largas
Pensamientos cortos
El agua hierve
y se evapora
Olor a pies de bosque
Barro seco
Declaro mi odio a las personas
Cenizas en agua
Piscina sin cloro
Y pestañas quemadas
Parpadeo doble, grieta desfigurada
Niños jugando a la medianoche
Tragando áspera saliva... duermo
Declaro ser humano
El Alicurco
domingo, 28 de marzo de 2010
Día del niño
Sala oscura
Grandes cortinas púpuras
Susurras en la sala
Asiento para dos
El polvo del suelo y asientos de madera
El anuncio de un lienzo sin ideas
Un paquete de guagüitas blancas y un juguete
Mi abuelo con pasta negra y gomina en el pelo
Sesenta años más que yo
Sonido constante, con una luz parpadeante
Suena cómo el pedaleo de rayos de una bicicleta oxidada
Comienza...
Una mirada
Un ronquido tenue en la mitad con la boca abierta
La impagable escena de un beso
El aplauso del final
Despertando, aplaude mientras corren los créditos
Se prenden las luces
Me toma de la mano y nos vamos de la sala
Los créditos siguen corriendo
Ignacio Rojas
Grandes cortinas púpuras
Susurras en la sala
Asiento para dos
El polvo del suelo y asientos de madera
El anuncio de un lienzo sin ideas
Un paquete de guagüitas blancas y un juguete
Mi abuelo con pasta negra y gomina en el pelo
Sesenta años más que yo
Sonido constante, con una luz parpadeante
Suena cómo el pedaleo de rayos de una bicicleta oxidada
Comienza...
Una mirada
Un ronquido tenue en la mitad con la boca abierta
La impagable escena de un beso
El aplauso del final
Despertando, aplaude mientras corren los créditos
Se prenden las luces
Me toma de la mano y nos vamos de la sala
Los créditos siguen corriendo
Ignacio Rojas
Sirena lejana.
Una manta vieja y caliente.
Un perro... se arrastra.
Algo va mal.
Algo va mal.
El perro se arrastra.
Luces apagadas.
Un viento.
Oscuridad.
Dientes que sonríen.
Una lengua hinchada.
El perro se arrastra.
La cuenca gotea.
Enfermedad.
Calor.
Electricidad.
Alambre de espino.
Afilada.
Rojo desgarrándose.
Y retorciéndose.
Perros mojados.
Pies amoratados que corren.
Desgarros.
Arañazos.
Sangre negra y vieja.
Amarillenta
saliva.
Habitación oscura.
Ventana rota.
Desgarro verde.
Vinilo.
Cuchillo.
Sangre.
Arde.
Bombilla.
Piernas
alzadas.
Frío.
Rabbits David Lynch
Una manta vieja y caliente.
Un perro... se arrastra.
Algo va mal.
Algo va mal.
El perro se arrastra.
Luces apagadas.
Un viento.
Oscuridad.
Dientes que sonríen.
Una lengua hinchada.
El perro se arrastra.
La cuenca gotea.
Enfermedad.
Calor.
Electricidad.
Alambre de espino.
Afilada.
Rojo desgarrándose.
Y retorciéndose.
Perros mojados.
Pies amoratados que corren.
Desgarros.
Arañazos.
Sangre negra y vieja.
Amarillenta
saliva.
Habitación oscura.
Ventana rota.
Desgarro verde.
Vinilo.
Cuchillo.
Sangre.
Arde.
Bombilla.
Piernas
alzadas.
Frío.
Rabbits David Lynch
jueves, 25 de marzo de 2010
Hoy y mañana
En cambio yo sigo el placer de tener lo mío, emprenderse en los pensamientos de cosas que no existen. Cambiarle el sentido a una cuchara, dejar de pensar en los tiempos remotos de una tarde de sopa. Mezclarse en el tiempo en lo que uno se demora en guiñarle a la mujer que viste en ese sueño.
Ser un cobarde, pensar que ser hombre pierde importancia, dejar que las manos suden cuando deban sudar. Marchar a paso lento, estático, que las hojas de otoño caigan más lento que el andar de unos zapatos nuevos en calles húmedas.
Dejar de pensar en aquel atardecer emotivo, romántico, creer que la belleza está en el tiempo que pasa, en lo que recorre la maratón de un caracol en llegar a una planta.
Dejar que se caiga la ciudad de legos de los nueve años. Vaciar el tabaco de la pipa del abuelo y fumar pétalos rojos.
Dormir... profundamente, a esa hora de tarde rojiza y despertar en esa mañana parecida a la tarde, tocar el pasto y pensar que ya es de mañana
El Alicurco
Ser un cobarde, pensar que ser hombre pierde importancia, dejar que las manos suden cuando deban sudar. Marchar a paso lento, estático, que las hojas de otoño caigan más lento que el andar de unos zapatos nuevos en calles húmedas.
Dejar de pensar en aquel atardecer emotivo, romántico, creer que la belleza está en el tiempo que pasa, en lo que recorre la maratón de un caracol en llegar a una planta.
Dejar que se caiga la ciudad de legos de los nueve años. Vaciar el tabaco de la pipa del abuelo y fumar pétalos rojos.
Dormir... profundamente, a esa hora de tarde rojiza y despertar en esa mañana parecida a la tarde, tocar el pasto y pensar que ya es de mañana
El Alicurco
domingo, 21 de marzo de 2010
El eco en bototos
Qué me dicen de estos versos de campanas en lo alto de una iglesia a mediodía.
Se abren los miedos a medida que el eco de una marcha militar hace sonar su monótona melodía de bototos.
Sin redes de atrapa sueños en lo que cabe el diámetro de la cabeza, no se deja de escuchar el eco.
A medida que avanza parece acariciarte el cartílago suavemente, casi con gracia.
Cómo un violín desafinado por el frío de un invierno, un chirrido que rompe los dientes.
En sueños se navega lo que que se ve, pero ésta marcha se apronta a las entradas de las casas.
Duum-Duum Duum-Duum, parece un tambor rojo, pero hace recordar un tango lento, sonidos al mismo tiempo, sonidos que hacen retumbar la punta de la nariz y que aprieta la ingle.
Qué me dicen de estos versos de campanas en lo alto de una iglesia a mitad de día, de puertas y ventanas cerradas, una alfombra en la entrada de la casa que recita la ironía de una bienvenida falsa. Cabezas sordas a medianoche, un silencio externo, y el grito interno de la marcha por cada campanada.
El Alicurco
Se abren los miedos a medida que el eco de una marcha militar hace sonar su monótona melodía de bototos.
Sin redes de atrapa sueños en lo que cabe el diámetro de la cabeza, no se deja de escuchar el eco.
A medida que avanza parece acariciarte el cartílago suavemente, casi con gracia.
Cómo un violín desafinado por el frío de un invierno, un chirrido que rompe los dientes.
En sueños se navega lo que que se ve, pero ésta marcha se apronta a las entradas de las casas.
Duum-Duum Duum-Duum, parece un tambor rojo, pero hace recordar un tango lento, sonidos al mismo tiempo, sonidos que hacen retumbar la punta de la nariz y que aprieta la ingle.
Qué me dicen de estos versos de campanas en lo alto de una iglesia a mitad de día, de puertas y ventanas cerradas, una alfombra en la entrada de la casa que recita la ironía de una bienvenida falsa. Cabezas sordas a medianoche, un silencio externo, y el grito interno de la marcha por cada campanada.
El Alicurco
viernes, 19 de marzo de 2010
Ríete mujer, todos sufren igual que tú.
Deja de pensar, basta de masticar chicle desabrido en noches solas.
Suelta los tacones, camina descalza por la playa, deja sentir cristales de arena en los dedos, saborea la sal impregnada en tus brazos.
Vuelve a sentir que estás en un espacio lejos de murallas y espinas, deja de pensar en tu soledad.
Guarda en tu ropa interior sucia tu espejo, no te mires más.
El Alicurco
Deja de pensar, basta de masticar chicle desabrido en noches solas.
Suelta los tacones, camina descalza por la playa, deja sentir cristales de arena en los dedos, saborea la sal impregnada en tus brazos.
Vuelve a sentir que estás en un espacio lejos de murallas y espinas, deja de pensar en tu soledad.
Guarda en tu ropa interior sucia tu espejo, no te mires más.
El Alicurco
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