Ayer estaba sentado entre el vals
Con la pena callada
Era el único sentado entre tantos vestidos y ternos
Él, con su traje manchado de negro
Con las lágrimas en la garganta
Sentado en la penumbra del baile
Con los dedos temblorosos y torpes
Mirando su propia ignorancia en un salón de alegría
En el rechazo de su propia noche
Celebrando su soledad con un vaso vacío
Con la sombra que oculta sus ojos marginados
Sintiendo los pies cortados sin pista ni baile
Porque esta balada romántica se respira de a dos
Y los lentos hablan con el silencio
Él está consciente que nadie le habla
Menos, esta noche
El Alicurco
Pieza de tela que cuelga en la parte superior de la cortina o cortinaje como adorno pero que es independiente de su mecanismo permaneciendo fija.
domingo, 27 de junio de 2010
jueves, 3 de junio de 2010
Lo he perdido, señor
Y el niño sigue ahí, esperando
Sigue abandonado entre piernas y zapatos negros
Perdido en el frío del cemento
Asfixiado por el llanto y la rapidez de piernas que lo embisten
Zapatillas desabrochadas lo dejan en potencia de un golpe al piso
Pero sus gritos son perdidos por el gris
Sólo chillan las rejas de los portones
Con los ojos nublados de sombras ágiles
Sordo de los autos, preocupado de la mano que lo rescate
Con aliento de gasolina y cansado de piernas altas
Arrastrando sus zapatillas y cordones de herida
Siguiendo luces rojas cerca de las nubes
Esquivando lo que camine con maletas
Ignorando el parpadeo de las luces verdes
Ruedas congeladas al vapor de un freno
De un niño perdido, con zapatillas en el gris del piso
y cordones desabrochados
De bocinas distorsionadas en un eco
El sonido de las rejas vuelven a chillar,
por los gritos de las piernas altas,
en una tarde fría, de maletas y piernas, pero no de manos.
El Alicurco
Sigue abandonado entre piernas y zapatos negros
Perdido en el frío del cemento
Asfixiado por el llanto y la rapidez de piernas que lo embisten
Zapatillas desabrochadas lo dejan en potencia de un golpe al piso
Pero sus gritos son perdidos por el gris
Sólo chillan las rejas de los portones
Con los ojos nublados de sombras ágiles
Sordo de los autos, preocupado de la mano que lo rescate
Con aliento de gasolina y cansado de piernas altas
Arrastrando sus zapatillas y cordones de herida
Siguiendo luces rojas cerca de las nubes
Esquivando lo que camine con maletas
Ignorando el parpadeo de las luces verdes
Ruedas congeladas al vapor de un freno
De un niño perdido, con zapatillas en el gris del piso
y cordones desabrochados
De bocinas distorsionadas en un eco
El sonido de las rejas vuelven a chillar,
por los gritos de las piernas altas,
en una tarde fría, de maletas y piernas, pero no de manos.
El Alicurco
domingo, 9 de mayo de 2010
Pan añejo
A veces tu cabeza nublada se deja de ideas estancadas.
A veces quieres mucho, nada en particular, sólo quieres.
Otras, sientes una pena tan grande que se te vacían los huesos.
En particular, las cosas efímeras son la fuente de tu amor.
Te enamoraste de alguien, no por lo que es, sino, por esa escena.
Te has quedado observando afuera, detrás del vidrio de la panadería, viendo como ella pide el kilo de pan para la once. No la escuchas, ni ella a ti, estás demasiado preocupado de sus manos, de lo que mira, de como mueve su boca en un silencio de calle.
Deseas que te mire, pero no tanto, solo basta con que ella esté allí, a esa hora de la tarde y en ese mismo lugar.
Piensas ahora en volver mañana, mejor aún, buscarla ahora mismo, darle el beso de su vida y no dejarla escapar jamás.
Esa fantasía te corrompe el sueño, un delirio en el que piensas cada vez que te pones las zapatillas. Ahora quieres suspirar, porque sabes que no está aquí contigo, está allá, probablemente comprado algo en la panadería, qué se yo, un dulce.
Pero prefieres mil veces ser ese dulce que estar acá, en tu pieza, que te sabe a nada, con esas zapatillas que todavía no atas.
Podrías salir corriendo ahora mismo e ir a buscarla, sabes que está allá esperando a que llegues tú, tal vez no sepa que existes, pero tú sí. Da un paso, tan solo uno fuera de tu pieza, ahora da ese mismo paso hasta la panadería, piensa en dos pasos simples, pasos que te conviertan en el dulce que ahora mismo debe estar metiéndose a la boca.
Qué escena la que has construido, acelera el paso, ese ahogamiento de sentirte volando es lo que esperaste toda la vida. Sácate una foto y mira como tus piernas se extienden hasta quedar ambas en el aire, como un caballo del derby.
No pares, no respires, no te ates las zapatillas, no sigas el ritmo, que no te paren las luces rojas, llega antes que se vaya, es la oportunidad.
Nunca te has sentido con tan poco equilibrio, a tan pocos metros, la vitrina te espera con el olor de la tarde a pan fresco. Si todo ese correr se hizo tan fácil, no dejes que tus piernas tiemblen ahora, nadie ha vomitado por el olor a pan de once.
Acércate, de a poco, ella tal vez nunca te ha visto, ese silencio de calle lo acabarás con tus temblorosas piernas. Sabrás su voz, no callará por la vitrina, sabes que esa voz la has escuchado en tus sueños, en tus mañanas y noches de zapatilla.
Algunas veces crees que el amor no viene a ser nada en particular, solo sientes que es amor.
A veces, sientes una pena tan grande, que sentarte afuera de la panadería es sentir que tus piernas ya no tienen huesos.
Otras veces prefieres que tu mente esté vacía de dulces, de tardes y de zapatillas.
Pero lo que sientes ahora mismo, es que el pan, está añejo.
A veces quieres mucho, nada en particular, sólo quieres.
Otras, sientes una pena tan grande que se te vacían los huesos.
En particular, las cosas efímeras son la fuente de tu amor.
Te enamoraste de alguien, no por lo que es, sino, por esa escena.
Te has quedado observando afuera, detrás del vidrio de la panadería, viendo como ella pide el kilo de pan para la once. No la escuchas, ni ella a ti, estás demasiado preocupado de sus manos, de lo que mira, de como mueve su boca en un silencio de calle.
Deseas que te mire, pero no tanto, solo basta con que ella esté allí, a esa hora de la tarde y en ese mismo lugar.
Piensas ahora en volver mañana, mejor aún, buscarla ahora mismo, darle el beso de su vida y no dejarla escapar jamás.
Esa fantasía te corrompe el sueño, un delirio en el que piensas cada vez que te pones las zapatillas. Ahora quieres suspirar, porque sabes que no está aquí contigo, está allá, probablemente comprado algo en la panadería, qué se yo, un dulce.
Pero prefieres mil veces ser ese dulce que estar acá, en tu pieza, que te sabe a nada, con esas zapatillas que todavía no atas.
Podrías salir corriendo ahora mismo e ir a buscarla, sabes que está allá esperando a que llegues tú, tal vez no sepa que existes, pero tú sí. Da un paso, tan solo uno fuera de tu pieza, ahora da ese mismo paso hasta la panadería, piensa en dos pasos simples, pasos que te conviertan en el dulce que ahora mismo debe estar metiéndose a la boca.
Qué escena la que has construido, acelera el paso, ese ahogamiento de sentirte volando es lo que esperaste toda la vida. Sácate una foto y mira como tus piernas se extienden hasta quedar ambas en el aire, como un caballo del derby.
No pares, no respires, no te ates las zapatillas, no sigas el ritmo, que no te paren las luces rojas, llega antes que se vaya, es la oportunidad.
Nunca te has sentido con tan poco equilibrio, a tan pocos metros, la vitrina te espera con el olor de la tarde a pan fresco. Si todo ese correr se hizo tan fácil, no dejes que tus piernas tiemblen ahora, nadie ha vomitado por el olor a pan de once.
Acércate, de a poco, ella tal vez nunca te ha visto, ese silencio de calle lo acabarás con tus temblorosas piernas. Sabrás su voz, no callará por la vitrina, sabes que esa voz la has escuchado en tus sueños, en tus mañanas y noches de zapatilla.
Algunas veces crees que el amor no viene a ser nada en particular, solo sientes que es amor.
A veces, sientes una pena tan grande, que sentarte afuera de la panadería es sentir que tus piernas ya no tienen huesos.
Otras veces prefieres que tu mente esté vacía de dulces, de tardes y de zapatillas.
Pero lo que sientes ahora mismo, es que el pan, está añejo.
viernes, 30 de abril de 2010
Noche invertida
Una figura desteñida de un color impropio, unida a alguien a quién no conoce.
No es el dueño el que vive en un cuerpo extraterrestre, unida por sus pies, separada por la luz, y apagada por la penumbra.
Su incomprensión es este mundo desconocido, repleto de espejos coloridos y de transparencias y objetos toscos hacen que cambie de forma.
Se alarga cuando tratan de intensificarla a lo lejos, ve mejor por las noches, y casi se ausenta en las mañanas. Si se pone borrosa, es porque alguien se pone a escribir en una tarde solitaria de su pasado.
Si es vista, es porque alguien camina por una calle solitaria y se encuentra mirando el suelo. Si se ve irregular es porque alguien ya ha caminado antes que esa persona por una playa de luna llena.
El cuerpo de color impropio, desconocido por los espejos, con aires de pies que levantan tierra y mueven piedras. La que camina detrás de los pies, lejos de alguien a quién está aferrada, y cuando trata de parecerse a la distancia de las cabezas y a los cuerpos ajenos.
La que se encuentra en chistes de mundo, en encuentros y desencuentros con su amo invertido. Pero en esas noches invertidas de luz y zancudos en los faroles, es una copia invertida que danza en ángulos indefinibles a esas horas de la madrugada en una plaza fría.
El Alicurco
No es el dueño el que vive en un cuerpo extraterrestre, unida por sus pies, separada por la luz, y apagada por la penumbra.
Su incomprensión es este mundo desconocido, repleto de espejos coloridos y de transparencias y objetos toscos hacen que cambie de forma.
Se alarga cuando tratan de intensificarla a lo lejos, ve mejor por las noches, y casi se ausenta en las mañanas. Si se pone borrosa, es porque alguien se pone a escribir en una tarde solitaria de su pasado.
Si es vista, es porque alguien camina por una calle solitaria y se encuentra mirando el suelo. Si se ve irregular es porque alguien ya ha caminado antes que esa persona por una playa de luna llena.
El cuerpo de color impropio, desconocido por los espejos, con aires de pies que levantan tierra y mueven piedras. La que camina detrás de los pies, lejos de alguien a quién está aferrada, y cuando trata de parecerse a la distancia de las cabezas y a los cuerpos ajenos.
La que se encuentra en chistes de mundo, en encuentros y desencuentros con su amo invertido. Pero en esas noches invertidas de luz y zancudos en los faroles, es una copia invertida que danza en ángulos indefinibles a esas horas de la madrugada en una plaza fría.
El Alicurco
martes, 27 de abril de 2010
El contrato de una sombra
Contrato de cenizas encendido y quemado por un mismo par de pies.
Encogerse en una esquina escuchando pisadas de distintos zapatos.
Discriminar aquellos pies en la calle paralela, tratar de alargar las uñas de mis zapatos para poder estar junto a ella.
Sentir las mangas quemadas, retomar las cenizas del papel sin firma, tratar de no chocar con alguna pierna ajena.
Que firme con el aliento, con sus labios, me basta con su huella digital entintada en las cenizas.
Porque aunque sé y sabemos que yo firmé mis declaraciones en lo que ahora se lleva el viento, nunca sabremos si el contrato uniría nuestras firmas por siempre.
Ahora admite tú que tus pisadas huelen a suela quemada, que desde esta esquina y todo el largo de la otra calle huele a ti.
Y aun que te acuerdes de mis mangas tocadas por tus manos, no recordarás que ahora mismo se están quemando. Tampoco recordarás estas cenizas, ni estos pies, y tal vez tampoco esta calle, ni menos esta esquina.
Los ojos pesados, ardientes, con pupilas dilatadas y estas pestañas quemadas se niegan ceder la danza de lo que fueron alguna vez, una hoja de compromiso.
El Alicurco
Encogerse en una esquina escuchando pisadas de distintos zapatos.
Discriminar aquellos pies en la calle paralela, tratar de alargar las uñas de mis zapatos para poder estar junto a ella.
Sentir las mangas quemadas, retomar las cenizas del papel sin firma, tratar de no chocar con alguna pierna ajena.
Que firme con el aliento, con sus labios, me basta con su huella digital entintada en las cenizas.
Porque aunque sé y sabemos que yo firmé mis declaraciones en lo que ahora se lleva el viento, nunca sabremos si el contrato uniría nuestras firmas por siempre.
Ahora admite tú que tus pisadas huelen a suela quemada, que desde esta esquina y todo el largo de la otra calle huele a ti.
Y aun que te acuerdes de mis mangas tocadas por tus manos, no recordarás que ahora mismo se están quemando. Tampoco recordarás estas cenizas, ni estos pies, y tal vez tampoco esta calle, ni menos esta esquina.
Los ojos pesados, ardientes, con pupilas dilatadas y estas pestañas quemadas se niegan ceder la danza de lo que fueron alguna vez, una hoja de compromiso.
El Alicurco
sábado, 3 de abril de 2010
Operaciones de ensueño
Siento un extraño mareo, la puerta está abierta. Hay una mosca rondando, ya ha pasado varias vueltas por los restos de la sopa.
Aún me siento cansado cómo para seguir su vuelo, los párpados palpitan, la garganta pica, y mucho. Si pudiera rasgarla por dentro, ni tragando grandes cantidades de saliva puedo aliviar la comezón.
Un techo parecido, tal vez un blanco más puro. Debo darle una retocada al mío, huele a pollo y zapallo, enfermante zumbido, maldito haz de luz que me da en la punta de la nariz.
Ahora tengo sed, tengo los labios como partidos, los dientes cubiertos por saliva viscosa. Debo llevar mucho tiempo dormido, pero aun que no pueda saber bien donde estoy, y los ojos están fuera de órbita y la garganta me da una rabia asquerosa, no recuerdo nada.
Lo último fue... no lo recuerdo bien, es cómo cuando te duchas y el espejo queda borroso por el vapor del agua caliente. Algo así cómo una mano blanca, una guante debe haber sido. Pero algo me encandiló, algo brillante, un sonido metálico.
Continuará...
Aún me siento cansado cómo para seguir su vuelo, los párpados palpitan, la garganta pica, y mucho. Si pudiera rasgarla por dentro, ni tragando grandes cantidades de saliva puedo aliviar la comezón.
Un techo parecido, tal vez un blanco más puro. Debo darle una retocada al mío, huele a pollo y zapallo, enfermante zumbido, maldito haz de luz que me da en la punta de la nariz.
Ahora tengo sed, tengo los labios como partidos, los dientes cubiertos por saliva viscosa. Debo llevar mucho tiempo dormido, pero aun que no pueda saber bien donde estoy, y los ojos están fuera de órbita y la garganta me da una rabia asquerosa, no recuerdo nada.
Lo último fue... no lo recuerdo bien, es cómo cuando te duchas y el espejo queda borroso por el vapor del agua caliente. Algo así cómo una mano blanca, una guante debe haber sido. Pero algo me encandiló, algo brillante, un sonido metálico.
Continuará...
Me declaro
Declaro que soy hombre
Sigo sin palabras con sentido
Trabalenguas de domingos en familia
Erección de cabellos mojados
Duchas largas
Pensamientos cortos
El agua hierve
y se evapora
Olor a pies de bosque
Barro seco
Declaro mi odio a las personas
Cenizas en agua
Piscina sin cloro
Y pestañas quemadas
Parpadeo doble, grieta desfigurada
Niños jugando a la medianoche
Tragando áspera saliva... duermo
Declaro ser humano
El Alicurco
Sigo sin palabras con sentido
Trabalenguas de domingos en familia
Erección de cabellos mojados
Duchas largas
Pensamientos cortos
El agua hierve
y se evapora
Olor a pies de bosque
Barro seco
Declaro mi odio a las personas
Cenizas en agua
Piscina sin cloro
Y pestañas quemadas
Parpadeo doble, grieta desfigurada
Niños jugando a la medianoche
Tragando áspera saliva... duermo
Declaro ser humano
El Alicurco
domingo, 28 de marzo de 2010
Día del niño
Sala oscura
Grandes cortinas púpuras
Susurras en la sala
Asiento para dos
El polvo del suelo y asientos de madera
El anuncio de un lienzo sin ideas
Un paquete de guagüitas blancas y un juguete
Mi abuelo con pasta negra y gomina en el pelo
Sesenta años más que yo
Sonido constante, con una luz parpadeante
Suena cómo el pedaleo de rayos de una bicicleta oxidada
Comienza...
Una mirada
Un ronquido tenue en la mitad con la boca abierta
La impagable escena de un beso
El aplauso del final
Despertando, aplaude mientras corren los créditos
Se prenden las luces
Me toma de la mano y nos vamos de la sala
Los créditos siguen corriendo
Ignacio Rojas
Grandes cortinas púpuras
Susurras en la sala
Asiento para dos
El polvo del suelo y asientos de madera
El anuncio de un lienzo sin ideas
Un paquete de guagüitas blancas y un juguete
Mi abuelo con pasta negra y gomina en el pelo
Sesenta años más que yo
Sonido constante, con una luz parpadeante
Suena cómo el pedaleo de rayos de una bicicleta oxidada
Comienza...
Una mirada
Un ronquido tenue en la mitad con la boca abierta
La impagable escena de un beso
El aplauso del final
Despertando, aplaude mientras corren los créditos
Se prenden las luces
Me toma de la mano y nos vamos de la sala
Los créditos siguen corriendo
Ignacio Rojas
Sirena lejana.
Una manta vieja y caliente.
Un perro... se arrastra.
Algo va mal.
Algo va mal.
El perro se arrastra.
Luces apagadas.
Un viento.
Oscuridad.
Dientes que sonríen.
Una lengua hinchada.
El perro se arrastra.
La cuenca gotea.
Enfermedad.
Calor.
Electricidad.
Alambre de espino.
Afilada.
Rojo desgarrándose.
Y retorciéndose.
Perros mojados.
Pies amoratados que corren.
Desgarros.
Arañazos.
Sangre negra y vieja.
Amarillenta
saliva.
Habitación oscura.
Ventana rota.
Desgarro verde.
Vinilo.
Cuchillo.
Sangre.
Arde.
Bombilla.
Piernas
alzadas.
Frío.
Rabbits David Lynch
Una manta vieja y caliente.
Un perro... se arrastra.
Algo va mal.
Algo va mal.
El perro se arrastra.
Luces apagadas.
Un viento.
Oscuridad.
Dientes que sonríen.
Una lengua hinchada.
El perro se arrastra.
La cuenca gotea.
Enfermedad.
Calor.
Electricidad.
Alambre de espino.
Afilada.
Rojo desgarrándose.
Y retorciéndose.
Perros mojados.
Pies amoratados que corren.
Desgarros.
Arañazos.
Sangre negra y vieja.
Amarillenta
saliva.
Habitación oscura.
Ventana rota.
Desgarro verde.
Vinilo.
Cuchillo.
Sangre.
Arde.
Bombilla.
Piernas
alzadas.
Frío.
Rabbits David Lynch
jueves, 25 de marzo de 2010
Hoy y mañana
En cambio yo sigo el placer de tener lo mío, emprenderse en los pensamientos de cosas que no existen. Cambiarle el sentido a una cuchara, dejar de pensar en los tiempos remotos de una tarde de sopa. Mezclarse en el tiempo en lo que uno se demora en guiñarle a la mujer que viste en ese sueño.
Ser un cobarde, pensar que ser hombre pierde importancia, dejar que las manos suden cuando deban sudar. Marchar a paso lento, estático, que las hojas de otoño caigan más lento que el andar de unos zapatos nuevos en calles húmedas.
Dejar de pensar en aquel atardecer emotivo, romántico, creer que la belleza está en el tiempo que pasa, en lo que recorre la maratón de un caracol en llegar a una planta.
Dejar que se caiga la ciudad de legos de los nueve años. Vaciar el tabaco de la pipa del abuelo y fumar pétalos rojos.
Dormir... profundamente, a esa hora de tarde rojiza y despertar en esa mañana parecida a la tarde, tocar el pasto y pensar que ya es de mañana
El Alicurco
Ser un cobarde, pensar que ser hombre pierde importancia, dejar que las manos suden cuando deban sudar. Marchar a paso lento, estático, que las hojas de otoño caigan más lento que el andar de unos zapatos nuevos en calles húmedas.
Dejar de pensar en aquel atardecer emotivo, romántico, creer que la belleza está en el tiempo que pasa, en lo que recorre la maratón de un caracol en llegar a una planta.
Dejar que se caiga la ciudad de legos de los nueve años. Vaciar el tabaco de la pipa del abuelo y fumar pétalos rojos.
Dormir... profundamente, a esa hora de tarde rojiza y despertar en esa mañana parecida a la tarde, tocar el pasto y pensar que ya es de mañana
El Alicurco
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