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martes, 27 de abril de 2010

El contrato de una sombra

Contrato de cenizas encendido y quemado por un mismo par de pies.
Encogerse en una esquina escuchando pisadas de distintos zapatos.
Discriminar aquellos pies en la calle paralela, tratar de alargar las uñas de mis zapatos para poder estar junto a ella.
Sentir las mangas quemadas, retomar las cenizas del papel sin firma, tratar de no chocar con alguna pierna ajena.
Que firme con el aliento, con sus labios, me basta con su huella digital entintada en las cenizas.
Porque aunque sé y sabemos que yo firmé mis declaraciones en lo que ahora se lleva el viento, nunca sabremos si el contrato uniría nuestras firmas por siempre.
Ahora admite tú que tus pisadas huelen a suela quemada, que desde esta esquina y todo el largo de la otra calle huele a ti.
Y aun que te acuerdes de mis mangas tocadas por tus manos, no recordarás que ahora mismo se están quemando. Tampoco recordarás estas cenizas, ni estos pies, y tal vez tampoco esta calle, ni menos esta esquina.
Los ojos pesados, ardientes, con pupilas dilatadas y estas pestañas quemadas se niegan ceder la danza de lo que fueron alguna vez, una hoja de compromiso.

El Alicurco

sábado, 3 de abril de 2010

Operaciones de ensueño

Siento un extraño mareo, la puerta está abierta. Hay una mosca rondando, ya ha pasado varias vueltas por los restos de la sopa.
Aún me siento cansado cómo para seguir su vuelo, los párpados palpitan, la garganta pica, y mucho. Si pudiera rasgarla por dentro, ni tragando grandes cantidades de saliva puedo aliviar la comezón.
Un techo parecido, tal vez un blanco más puro. Debo darle una retocada al mío, huele a pollo y zapallo, enfermante zumbido, maldito haz de luz que me da en la punta de la nariz.
Ahora tengo sed, tengo los labios como partidos, los dientes cubiertos por saliva viscosa. Debo llevar mucho tiempo dormido, pero aun que no pueda saber bien donde estoy, y los ojos están fuera de órbita y la garganta me da una rabia asquerosa, no recuerdo nada.
Lo último fue... no lo recuerdo bien, es cómo cuando te duchas y el espejo queda borroso por el vapor del agua caliente. Algo así cómo una mano blanca, una guante debe haber sido. Pero algo me encandiló, algo brillante, un sonido metálico.

Continuará...

Me declaro

Declaro que soy hombre
Sigo sin palabras con sentido
Trabalenguas de domingos en familia
Erección de cabellos mojados
Duchas largas
Pensamientos cortos
El agua hierve
y se evapora
Olor a pies de bosque
Barro seco
Declaro mi odio a las personas
Cenizas en agua
Piscina sin cloro
Y pestañas quemadas
Parpadeo doble, grieta desfigurada
Niños jugando a la medianoche
Tragando áspera saliva... duermo
Declaro ser humano

El Alicurco

domingo, 28 de marzo de 2010

Día del niño

Sala oscura
Grandes cortinas púpuras
Susurras en la sala
Asiento para dos
El polvo del suelo y asientos de madera
El anuncio de un lienzo sin ideas
Un paquete de guagüitas blancas y un juguete
Mi abuelo con pasta negra y gomina en el pelo
Sesenta años más que yo
Sonido constante, con una luz parpadeante
Suena cómo el pedaleo de rayos de una bicicleta oxidada
Comienza...
Una mirada
Un ronquido tenue en la mitad con la boca abierta
La impagable escena de un beso
El aplauso del final
Despertando, aplaude mientras corren los créditos
Se prenden las luces
Me toma de la mano y nos vamos de la sala
Los créditos siguen corriendo

Ignacio Rojas
Sirena lejana.
Una manta vieja y caliente.
Un perro... se arrastra.
Algo va mal.
Algo va mal.
El perro se arrastra.
Luces apagadas.
Un viento.
Oscuridad.
Dientes que sonríen.
Una lengua hinchada.
El perro se arrastra.
La cuenca gotea.
Enfermedad.
Calor.
Electricidad.
Alambre de espino.
Afilada.
Rojo desgarrándose.
Y retorciéndose.
Perros mojados.
Pies amoratados que corren.
Desgarros.
Arañazos.
Sangre negra y vieja.
Amarillenta
saliva.
Habitación oscura.
Ventana rota.
Desgarro verde.
Vinilo.
Cuchillo.
Sangre.
Arde.
Bombilla.
Piernas
alzadas.
Frío.

Rabbits David Lynch

jueves, 25 de marzo de 2010

Hoy y mañana

En cambio yo sigo el placer de tener lo mío, emprenderse en los pensamientos de cosas que no existen. Cambiarle el sentido a una cuchara, dejar de pensar en los tiempos remotos de una tarde de sopa. Mezclarse en el tiempo en lo que uno se demora en guiñarle a la mujer que viste en ese sueño.
Ser un cobarde, pensar que ser hombre pierde importancia, dejar que las manos suden cuando deban sudar. Marchar a paso lento, estático, que las hojas de otoño caigan más lento que el andar de unos zapatos nuevos en calles húmedas.
Dejar de pensar en aquel atardecer emotivo, romántico, creer que la belleza está en el tiempo que pasa, en lo que recorre la maratón de un caracol en llegar a una planta.
Dejar que se caiga la ciudad de legos de los nueve años. Vaciar el tabaco de la pipa del abuelo y fumar pétalos rojos.
Dormir... profundamente, a esa hora de tarde rojiza y despertar en esa mañana parecida a la tarde, tocar el pasto y pensar que ya es de mañana

El Alicurco

domingo, 21 de marzo de 2010

El eco en bototos

Qué me dicen de estos versos de campanas en lo alto de una iglesia a mediodía.
Se abren los miedos a medida que el eco de una marcha militar hace sonar su monótona melodía de bototos.
Sin redes de atrapa sueños en lo que cabe el diámetro de la cabeza, no se deja de escuchar el eco.
A medida que avanza parece acariciarte el cartílago suavemente, casi con gracia.
Cómo un violín desafinado por el frío de un invierno, un chirrido que rompe los dientes.
En sueños se navega lo que que se ve, pero ésta marcha se apronta a las entradas de las casas.
Duum-Duum Duum-Duum, parece un tambor rojo, pero hace recordar un tango lento, sonidos al mismo tiempo, sonidos que hacen retumbar la punta de la nariz y que aprieta la ingle.
Qué me dicen de estos versos de campanas en lo alto de una iglesia a mitad de día, de puertas y ventanas cerradas, una alfombra en la entrada de la casa que recita la ironía de una bienvenida falsa. Cabezas sordas a medianoche, un silencio externo, y el grito interno de la marcha por cada campanada.


El Alicurco

viernes, 19 de marzo de 2010

Ríete mujer, todos sufren igual que tú.
Deja de pensar, basta de masticar chicle desabrido en noches solas.
Suelta los tacones, camina descalza por la playa, deja sentir cristales de arena en los dedos, saborea la sal impregnada en tus brazos.
Vuelve a sentir que estás en un espacio lejos de murallas y espinas, deja de pensar en tu soledad.
Guarda en tu ropa interior sucia tu espejo, no te mires más.

El Alicurco

viernes, 19 de febrero de 2010

De seguro es amor

Se te ve bien esa bufanda blanca
Que bellas son las uñas de tus pies,
con ese color intenso rojo y con esos condoritos.
Pero no entiendo por qué siempre tan callada, no hablas con nadie
¿Por qué al caminar se te nota cierta tristeza?
Esa mirada inclinada hacia tu derecha te hace pensativa
O esos ojos al piso ¿Qué tienen de especiales las piedras?
¿Por que las recojes? ¿Se te parecen a alguien conocido?
Por cierto, me gusta ese polerón que usas, lo que te tapas
te hace ver más misteriosa.
Hay algo que hace tu poca importancia de las cosas en la gente.
Te sientes observada ahí leyendo tu diario, pero haces como que no te importa.
Nunca has contado si de verdad te importa, tampoco sé que te gusta.
Lo que te gusta no lo cuentas, lo sé porque te miro.
Y cómo te miro.
Parece como si me supiera tus movimientos, tus gestos, tus risas.
Pero no sé tus penas, tampoco los miedos
¿A que temes? ¿Qué tomas? ¿Qué quitas?
¿A qué te sabe un puñado de arena en la boca?
¿Por qué te gusta morder las conchas que deja el mar en la orilla?
Ahí va, la cucharada del merengue del pie de limón al café
¿Ves? Esa señora encuentra que es extraño lo que haces
Te lo digo porque nunca está por acá
¿No te molesta?
¿Me escuchas? Te estoy hablando...
Todo este tiempo
¿Por qué eres así? Casi nunca hablas, parece que no me escuchas
Te hago gestos, señales, pero nada.
Ahí tú y tu pie de limón con café reazucarado.
Bueno, me vas a dejar acá haciéndote preguntas, como siempre.
Si tan sólo pudieras moverte y pasarme la sal, o la pimienta
para mi desabrido pan tostado con queso.
Hasta podría ser el ketchup.
¡Por fin! al fin una mirada, corta, pero una mirada de intriga.
¿Y si te pido la sal? o mejor la pimienta.
No, la sal así te pregunto por qué me miraste con así.
¿Es tarde? ¡pero te quiero pedir la sal, se enfría mi pan con queso!
¡Pero miraste! quieres que te diga algo ¿tienes algo que hacer?
¡¿Ahora?! ¡¿ya?!
Bueno... te la pido mañana, por ahora voy a comer mi pan con queso desabrido.
Está frío...

lunes, 25 de enero de 2010

Pieza sin paredes

A veces triste, a veces nada, pocas veces con alegría, pero la mayoría del tiempo parece como si estuviera mirando el techo de la misma pieza.
Casi ninguna cama parece distinta de otra, tampoco las puertas, ni las ventanas, ni los peluches de las piezas, hasta esas pequeñas grietas de los muros se parecen unas de otras.
En realidad pareciera que cada casa se parece una de otra. A primera impresión se ven disitntas, basta con estar unos cinco minutos para darse cuenta de que al final... toda pieza se parece a otra.
No es un defecto, pero tampoco una virtud, es... una simple pieza y ya. Ningún objeto es mejor que otro, mi lámpara también ilumina, todas las lámparas lo hacen. Por eso son lámparas.
A veces la gente parece una pieza, crees que encontraste algo nuevo, como si tuviera algún mueble especial dentro de él. Bueno, ese mueble es tan parecido como cualquier otro. No importa la marca, tampoco si es de algodón, o de cuero, finalmente te encuentras con lo mismo. Un mueble.
No entiendo para que sirve ordenar las piezas, generalmente se desordena cuando la ordenas. Sabemos como es nuestra pieza, ordenarlas es equivalente a desordenarlas. No las ordenamos para nosotros, la ordenamos para la personas, para que cuando llegue la amiga de tu mamá no crea que su amiga tiene un hijo desordenado.
Ninguna madre quiere eso, pero aún así su orden no funciona. Si fuera así encontrarían las llaves de su auto extraviadas en su propia pieza, o encontrarían aquel vestido que usaron una vez para un matrimonio y al momento de llegar el segundo, no está.
Si fuera fácil vivir en una pieza ahogada en ropa, si tan sólo alguien viera distinto el polvo de mi pieza con la de otro. Si todos los días viernes no quedara la ropa sucia del colegio en una silla, y si aprediéramos a no vivir en vacaciones permanentes... probablemente imaginaríamos que no estamos en nuestra propia pieza, y que hay un intruso igual a tí en tu cama.