Aterrizo el vino coagulado, espeso y con sabor a carbón
A mi mesa, a mi melancolía, a mi
Llenando la copa vacía, llenando mi cuerpo vacío
Dejando caer la cabeza sobre el vidrio oscuro de mi cuarto
Observando como la lluvia convierte un universo de gotas efímeras la noche
Mientras que mi parpadeo se vuelve cada vez más lento
Olvidando que existe la amargura, amargo, amargo vino
Y recordando que el tiempo se estira cuando bebo
Aplastando el dolor de una noche, acompañado de mi universo húmedo
Deviniendo cada gota, una sobre otra, con una copa tras otra
Elevando mi conciencia con cada sorbo, dejando pasar el dolor, disfrutando el silbido de la lluvia
Acompañándome, repitiendo otra velada conmigo
Sólo, con el corcho de la botella entre las uñas
Dejando pasar esta rabia amarga, cobijándome con esta melodía
Como si fuera una canción de cuna hecha para mí
¡Salud! a la ventana, a la botella, al corcho, a la copa y a mi soledad
El Alicurco
Pieza de tela que cuelga en la parte superior de la cortina o cortinaje como adorno pero que es independiente de su mecanismo permaneciendo fija.
domingo, 7 de noviembre de 2010
lunes, 25 de octubre de 2010
Trabajos simples
Intrépido uniforme de mentiroso
Muy fácil es hacer creer al resto un engaño
Que un cuchillo de verdad, afilado con dientes de empresario
Se desgarra primero el que cae por la presión de la masa
Y sólo queda feliz el que empasta sus poros con billetes
Los demás, unifórmense otra vez
Porque acá se acabaron para las personas
El Alicurco
Muy fácil es hacer creer al resto un engaño
Que un cuchillo de verdad, afilado con dientes de empresario
Se desgarra primero el que cae por la presión de la masa
Y sólo queda feliz el que empasta sus poros con billetes
Los demás, unifórmense otra vez
Porque acá se acabaron para las personas
El Alicurco
viernes, 1 de octubre de 2010
Mi último ladrido
Rompí mi cama
Quemé mis fotos
Ayer maté a un perro
Caminé varias cuadras en la madrugada después de mis actos
Caminaba con los zapatos llenos de sangre
Podía escuchar los gemidos del animal por tres cuadras enteras, cada vez más profundos y lentos eran los ladridos
Parecía que me gritaba, tal vez, qué me dijo
Lo maté, y mi zapato izquierdo me delataba
También maté mi cama a golpes
Quemé a mi familia entera
El cuero de mi chaqueta olía a cigarro nocturno, impregnado y húmedo como decían las calles, fue un buen regalo de mi madre, debo admitirlo
Aquellas calles, si no hubiese estado con esa chaqueta que tanto me gusta, seguramente algún buen vecino me abría visto demacrando al pobre quiltro
Cuando maté a mi cama, tenía las manos descueradas, temblaban tanto, que en el momento no pude encender el cigarro después de ese primer acto
En fin, en mi familia son muchos... tantos, que me demoraría semanas en encargarme de ellos uno por uno
Decidí encenderlos, no fue fácil, mis manos aún temblaban mucho, por eso decidí ir a la cocina y encenderlos con los fósforos que me quedaban
Me quedó solo matar a uno
Al perro de mi hija, maldito animal
No pude matarlo, necesitaba un cigarro
Era un perro precioso, no puedo negarlo, pero odiaba sus ladridos en la noche, nunca ladraba
Ni a los perros, ni a los niños, ni a los viejos, a nadie
Sólo le ladraba a las sombras que se reflejaban en la noche, vaya perro guardián
En la foto salía mi hija abrazada con el canino, ella mirándolo con esa sonrisa de oreja a oreja, y el perro con los ojos perdidos, miraba a la cámara
Guardé la foto en mi chaqueta
Era de madrugada, lo sé, siempre me fijo en el brillo del pasto a esa hora, después de las doce, el pasto está perfectamente húmedo, agarra un brillo espectacular, parece un río calmo
Caminaba con esas luces que toman un color anaranjado, siempre por el pasto, con los zapatos húmedos y un chirrido a cada paso
Llevaba varias cuadras, me senté
Apareció el perro, viejo, con cara sufrida y además cojo de una pierna trasera
Pero tenía los ojos parecidos al perro de mi hija, esos ojos perdidos, de comprensión y pena
Vaya perro, bueno, tenía las manos vendadas y el frío hacía que me dolieran mucho las heridas que aún no cicatrizaban
Le arrojé una piedra cerca de su pie cojo
La agarró con el hocico y caminó hacia mí a un ritmo cojo, me trató de mirar con sus ojos perdidos, depositó la piedra en mi mano
Húmeda, blanca de baba... las heridas me dolieron mucho en ese momento, tanto, que pateé al perro con mi zapato izquierdo
Tan fuerte fue, que quedó inmóvil en el piso, movía sus pies para tratar de arrancar, pero su pie cojo se movía torpemente
Caminé hacia él, el pasto rechinó como nunca antes lo había escuchado
Con el mismo pie, una dos, tres, cuatro veces en el estómago
Le perforé el vientre
Comenzó a gemir, dos, tres veces más
Saqué un cigarro, saqué mi encendedor, intenté prenderlo, no funcionaba, debió ser por el clima tan frío que había
El pasto se entintó de sangre, poco a poco, esa especie de río sólido que se formaba en la noche, se convirtió en un río de sangre
Seguí mi rumbo, tenía cosas que hacer
El perro comenzó a gemir, seguía vivo, los perros del vecindario comenzaron a ladrar
No pude devolverme, me podría haber visto alguien que se despertó con los ladridos
Aún escuchaba como agonizaba el animal, ya llevaba varias cuadras
Los ladridos del vecindario fueron cada vez más fuertes
Casi un ataque, me mostraban sus dientes, rasguñaban las rejas de los portones y saltaban de un lado a otro
Dejé de escuchar al perro, pero estos otros eran tantos, que casi no se podía escuchar
Los vecinos empezaron a asomarse por las ventanas, se prendían las luces de las casas
Comencé a correr con los hombros encogidos, había alguien atrás, no volteé
Eran cuatro pies, no era humano, un perro
Poco sonoro, pero a gran velocidad, corrí más rápido
Se escuchaba más cerca, no era uno, eran más
Agarraron mi chaqueta, pude sentir el aire del hocico
Pude escapar, ya casi no estaba respirando, tenía cosas que hacer
Agarraron mi pierna izquierda, caí
Intenté levantarme, no pude, tenía la pierna desgarrada
Me levanté casi gateando, me agarró uno del cuello de la chaqueta
Cayó la foto de mi hija con el perro cerca mio con el impulso
Pude ver esos ojos perdidos, por última vez
El Alicurco
Quemé mis fotos
Ayer maté a un perro
Caminé varias cuadras en la madrugada después de mis actos
Caminaba con los zapatos llenos de sangre
Podía escuchar los gemidos del animal por tres cuadras enteras, cada vez más profundos y lentos eran los ladridos
Parecía que me gritaba, tal vez, qué me dijo
Lo maté, y mi zapato izquierdo me delataba
También maté mi cama a golpes
Quemé a mi familia entera
El cuero de mi chaqueta olía a cigarro nocturno, impregnado y húmedo como decían las calles, fue un buen regalo de mi madre, debo admitirlo
Aquellas calles, si no hubiese estado con esa chaqueta que tanto me gusta, seguramente algún buen vecino me abría visto demacrando al pobre quiltro
Cuando maté a mi cama, tenía las manos descueradas, temblaban tanto, que en el momento no pude encender el cigarro después de ese primer acto
En fin, en mi familia son muchos... tantos, que me demoraría semanas en encargarme de ellos uno por uno
Decidí encenderlos, no fue fácil, mis manos aún temblaban mucho, por eso decidí ir a la cocina y encenderlos con los fósforos que me quedaban
Me quedó solo matar a uno
Al perro de mi hija, maldito animal
No pude matarlo, necesitaba un cigarro
Era un perro precioso, no puedo negarlo, pero odiaba sus ladridos en la noche, nunca ladraba
Ni a los perros, ni a los niños, ni a los viejos, a nadie
Sólo le ladraba a las sombras que se reflejaban en la noche, vaya perro guardián
En la foto salía mi hija abrazada con el canino, ella mirándolo con esa sonrisa de oreja a oreja, y el perro con los ojos perdidos, miraba a la cámara
Guardé la foto en mi chaqueta
Era de madrugada, lo sé, siempre me fijo en el brillo del pasto a esa hora, después de las doce, el pasto está perfectamente húmedo, agarra un brillo espectacular, parece un río calmo
Caminaba con esas luces que toman un color anaranjado, siempre por el pasto, con los zapatos húmedos y un chirrido a cada paso
Llevaba varias cuadras, me senté
Apareció el perro, viejo, con cara sufrida y además cojo de una pierna trasera
Pero tenía los ojos parecidos al perro de mi hija, esos ojos perdidos, de comprensión y pena
Vaya perro, bueno, tenía las manos vendadas y el frío hacía que me dolieran mucho las heridas que aún no cicatrizaban
Le arrojé una piedra cerca de su pie cojo
La agarró con el hocico y caminó hacia mí a un ritmo cojo, me trató de mirar con sus ojos perdidos, depositó la piedra en mi mano
Húmeda, blanca de baba... las heridas me dolieron mucho en ese momento, tanto, que pateé al perro con mi zapato izquierdo
Tan fuerte fue, que quedó inmóvil en el piso, movía sus pies para tratar de arrancar, pero su pie cojo se movía torpemente
Caminé hacia él, el pasto rechinó como nunca antes lo había escuchado
Con el mismo pie, una dos, tres, cuatro veces en el estómago
Le perforé el vientre
Comenzó a gemir, dos, tres veces más
Saqué un cigarro, saqué mi encendedor, intenté prenderlo, no funcionaba, debió ser por el clima tan frío que había
El pasto se entintó de sangre, poco a poco, esa especie de río sólido que se formaba en la noche, se convirtió en un río de sangre
Seguí mi rumbo, tenía cosas que hacer
El perro comenzó a gemir, seguía vivo, los perros del vecindario comenzaron a ladrar
No pude devolverme, me podría haber visto alguien que se despertó con los ladridos
Aún escuchaba como agonizaba el animal, ya llevaba varias cuadras
Los ladridos del vecindario fueron cada vez más fuertes
Casi un ataque, me mostraban sus dientes, rasguñaban las rejas de los portones y saltaban de un lado a otro
Dejé de escuchar al perro, pero estos otros eran tantos, que casi no se podía escuchar
Los vecinos empezaron a asomarse por las ventanas, se prendían las luces de las casas
Comencé a correr con los hombros encogidos, había alguien atrás, no volteé
Eran cuatro pies, no era humano, un perro
Poco sonoro, pero a gran velocidad, corrí más rápido
Se escuchaba más cerca, no era uno, eran más
Agarraron mi chaqueta, pude sentir el aire del hocico
Pude escapar, ya casi no estaba respirando, tenía cosas que hacer
Agarraron mi pierna izquierda, caí
Intenté levantarme, no pude, tenía la pierna desgarrada
Me levanté casi gateando, me agarró uno del cuello de la chaqueta
Cayó la foto de mi hija con el perro cerca mio con el impulso
Pude ver esos ojos perdidos, por última vez
El Alicurco
miércoles, 15 de septiembre de 2010
El cielo, los pájaros y la muerte
Que bien pensado fue el cielo
parecido a la conciencia de los pájaros
Su vinculación dual entre el vuelo y el viento
En el instante de los que mejor piensan son los que mejor vuelan
Porque la ignorancia es el mismo cielo
Y los instantes de sabiduría son efímeras
Tales como la misma conciencia, que muere como cualquier halcón
Pese a su gran facilidad para cazar serpientes con sus garras en la claridad del cielo, las plumas ceden con el tiempo, apagándose en las cenizas de los vientos
Está bien volar, está bien morir, está bien el cielo
Que las nubes exploten, en la inmensidad del cielo, y se acuesten con el viento
Porque el que vuela más cerca de las nubes se encuentra en el origen de las cosas
Aquel que vuela sólo por cazar y saciar el hambre, muere mirando el cielo despejado
Pero aquel que vive con alas extendidas, pidiendo siempre a las nubes de conciencia que los dejen gozar por un instante su vida y muerte
Es el que mejor danza con el cielo
parecido a la conciencia de los pájaros
Su vinculación dual entre el vuelo y el viento
En el instante de los que mejor piensan son los que mejor vuelan
Porque la ignorancia es el mismo cielo
Y los instantes de sabiduría son efímeras
Tales como la misma conciencia, que muere como cualquier halcón
Pese a su gran facilidad para cazar serpientes con sus garras en la claridad del cielo, las plumas ceden con el tiempo, apagándose en las cenizas de los vientos
Está bien volar, está bien morir, está bien el cielo
Que las nubes exploten, en la inmensidad del cielo, y se acuesten con el viento
Porque el que vuela más cerca de las nubes se encuentra en el origen de las cosas
Aquel que vuela sólo por cazar y saciar el hambre, muere mirando el cielo despejado
Pero aquel que vive con alas extendidas, pidiendo siempre a las nubes de conciencia que los dejen gozar por un instante su vida y muerte
Es el que mejor danza con el cielo
jueves, 12 de agosto de 2010
Corrección, esto es un fraude
Que dicha la nuestra, mis ancestros
A lo más una mirada, sin rencores nos han dicho
No hay a quién alegar por nuestra suerte
Nos tenemos de la mano en nuestra soledad
Anillos en espera giran hacia abajo del tronco familiar
En la amargura de nuestras cenas
De vino barato, cosecha sin título
¡Queridos hermanos, escuchen!
Cuando llegue, encontrarán su famosa dicha
Y se creerán importantes para alguien
Escuchen otra vez, por favor
No olvidaremos jamás
Esas caras de olvido que ladran en nuestras sábanas
Ese tilde que nos recorría completos
Nada que hacer con esos pelos entre uñas
Y tampoco nada ancestros, ¡absolutamente nada!
Hay que esperar dicen, hay que comprender
Detendremos el tiempo para poder borrar, sanar
Debatamos contra el amor y los amores
Brindemos una y otra vez por lo que más queremos
Seamos cómplices entre nosotros, todos sabemos que somos parte de un juego de mujeres, que nuestra culpa es compartida
¿Somos entonces ancestros, parte de un mismo árbol sin ramas?
La vida de un ciclo, un gran árbol amargo que se quedó en otoño
Pueden decir entonces, en esta cena elegante, que fue por una mujer
Y que nuestra vida familiar es un tanto triste
Cuando escuchemos esa vida de discursos, esa vida de labios y hojas caídas, seremos primavera dentro de otoño.
A lo más una mirada, sin rencores nos han dicho
No hay a quién alegar por nuestra suerte
Nos tenemos de la mano en nuestra soledad
Anillos en espera giran hacia abajo del tronco familiar
En la amargura de nuestras cenas
De vino barato, cosecha sin título
¡Queridos hermanos, escuchen!
Cuando llegue, encontrarán su famosa dicha
Y se creerán importantes para alguien
Escuchen otra vez, por favor
No olvidaremos jamás
Esas caras de olvido que ladran en nuestras sábanas
Ese tilde que nos recorría completos
Nada que hacer con esos pelos entre uñas
Y tampoco nada ancestros, ¡absolutamente nada!
Hay que esperar dicen, hay que comprender
Detendremos el tiempo para poder borrar, sanar
Debatamos contra el amor y los amores
Brindemos una y otra vez por lo que más queremos
Seamos cómplices entre nosotros, todos sabemos que somos parte de un juego de mujeres, que nuestra culpa es compartida
¿Somos entonces ancestros, parte de un mismo árbol sin ramas?
La vida de un ciclo, un gran árbol amargo que se quedó en otoño
Pueden decir entonces, en esta cena elegante, que fue por una mujer
Y que nuestra vida familiar es un tanto triste
Cuando escuchemos esa vida de discursos, esa vida de labios y hojas caídas, seremos primavera dentro de otoño.
martes, 20 de julio de 2010
Noche con estatuas
Y ahora entiendo en la parada de este cementerio de ángeles y vírgenes, el por qué la bebida atrae a aquellos que arrastran todo el día el silencio de sus vidas.
Además, es cosa de mirar en los fríos ojos de mis amigos de piedra y mármol, que solo me encuentro en miradas que petrifican menos que las reales.
Las estatuas desperfiladas esta noche callan más de los normal.
Porque ya no bastan caminatas solitarias por la playa, ni mirar los focos de madrugada, y aunque sepa que me encuentro solo, por alguna razón me llevo con estos falsos. Es más, los siento más que los propios que conozco que sí tienen carne.
Ya se han ido varios, y no quiero empezar a hablar de desiluciones, prefiero pensar que este estado nebuloso de tripas alocoholizadas pegan fuerte, más aún cuando las lágrimas caen solas, sin pregunta ni respuesta.
Y no entiendo como la caña de azúcar me traiciona de forma tal, que me hace recordar lo que me guardo todas las mañanas.
Aun así, me gusta pensar que las millones de luces blancas que esta noche giran en círculos perfectos, en una especie de mareo deleitante, me hacen compañía en la distorisión amarga y al menos me olvido de las costras rojas que dejó el vino en mis labios.
¿Quién se creen que soy?
¿Creen que por ser un hombre puedo esconder una mirada de piedra?
Pues bien, allá ustedes, estoy harto de que miren con condescendencia, qué mirada tan amarga, tan humana, deberían serlo.
Empieza la melodía del rocío, llorarán por sus tumbas, esos ojos petrificados son más sensibles que muchos otros conocidos, nunca mi señora me miró con esa melancolía divina, nunca antes la vida de calle nocturna me ha regalado tan bella mirada como ésta.
Y no se aflijan mañana, porque pronto estaremos juntos eternamente, y podrán mirarme así, con mucha ternurna, con esas figuras vírgenes. Podré recostarme con este frío en las húmedas tumbas ancestrales, que me compartan un espacio de muerte, más de algún difunto también murió por viejo y alcohólico.
Así me prestaré en un manto de dicha calavérica, bailaré con ustedes mis mojados amigos cuando las larvas terminen con mi cuerpo, saludaremos noches como ésta con mucho vino tinto y risas estáticas.
A lo mejor el día de mañana estaremos mejor, tal vez sin dolores hepáticos, tal vez sin vísceras , tal vez sin carne y sin vida. Pero lo que sí es seguro, es que mañana será una mañana de mucha resaca.
Además, es cosa de mirar en los fríos ojos de mis amigos de piedra y mármol, que solo me encuentro en miradas que petrifican menos que las reales.
Las estatuas desperfiladas esta noche callan más de los normal.
Porque ya no bastan caminatas solitarias por la playa, ni mirar los focos de madrugada, y aunque sepa que me encuentro solo, por alguna razón me llevo con estos falsos. Es más, los siento más que los propios que conozco que sí tienen carne.
Ya se han ido varios, y no quiero empezar a hablar de desiluciones, prefiero pensar que este estado nebuloso de tripas alocoholizadas pegan fuerte, más aún cuando las lágrimas caen solas, sin pregunta ni respuesta.
Y no entiendo como la caña de azúcar me traiciona de forma tal, que me hace recordar lo que me guardo todas las mañanas.
Aun así, me gusta pensar que las millones de luces blancas que esta noche giran en círculos perfectos, en una especie de mareo deleitante, me hacen compañía en la distorisión amarga y al menos me olvido de las costras rojas que dejó el vino en mis labios.
¿Quién se creen que soy?
¿Creen que por ser un hombre puedo esconder una mirada de piedra?
Pues bien, allá ustedes, estoy harto de que miren con condescendencia, qué mirada tan amarga, tan humana, deberían serlo.
Empieza la melodía del rocío, llorarán por sus tumbas, esos ojos petrificados son más sensibles que muchos otros conocidos, nunca mi señora me miró con esa melancolía divina, nunca antes la vida de calle nocturna me ha regalado tan bella mirada como ésta.
Y no se aflijan mañana, porque pronto estaremos juntos eternamente, y podrán mirarme así, con mucha ternurna, con esas figuras vírgenes. Podré recostarme con este frío en las húmedas tumbas ancestrales, que me compartan un espacio de muerte, más de algún difunto también murió por viejo y alcohólico.
Así me prestaré en un manto de dicha calavérica, bailaré con ustedes mis mojados amigos cuando las larvas terminen con mi cuerpo, saludaremos noches como ésta con mucho vino tinto y risas estáticas.
A lo mejor el día de mañana estaremos mejor, tal vez sin dolores hepáticos, tal vez sin vísceras , tal vez sin carne y sin vida. Pero lo que sí es seguro, es que mañana será una mañana de mucha resaca.
domingo, 27 de junio de 2010
El baile lento más largo
Ayer estaba sentado entre el vals
Con la pena callada
Era el único sentado entre tantos vestidos y ternos
Él, con su traje manchado de negro
Con las lágrimas en la garganta
Sentado en la penumbra del baile
Con los dedos temblorosos y torpes
Mirando su propia ignorancia en un salón de alegría
En el rechazo de su propia noche
Celebrando su soledad con un vaso vacío
Con la sombra que oculta sus ojos marginados
Sintiendo los pies cortados sin pista ni baile
Porque esta balada romántica se respira de a dos
Y los lentos hablan con el silencio
Él está consciente que nadie le habla
Menos, esta noche
El Alicurco
Con la pena callada
Era el único sentado entre tantos vestidos y ternos
Él, con su traje manchado de negro
Con las lágrimas en la garganta
Sentado en la penumbra del baile
Con los dedos temblorosos y torpes
Mirando su propia ignorancia en un salón de alegría
En el rechazo de su propia noche
Celebrando su soledad con un vaso vacío
Con la sombra que oculta sus ojos marginados
Sintiendo los pies cortados sin pista ni baile
Porque esta balada romántica se respira de a dos
Y los lentos hablan con el silencio
Él está consciente que nadie le habla
Menos, esta noche
El Alicurco
jueves, 3 de junio de 2010
Lo he perdido, señor
Y el niño sigue ahí, esperando
Sigue abandonado entre piernas y zapatos negros
Perdido en el frío del cemento
Asfixiado por el llanto y la rapidez de piernas que lo embisten
Zapatillas desabrochadas lo dejan en potencia de un golpe al piso
Pero sus gritos son perdidos por el gris
Sólo chillan las rejas de los portones
Con los ojos nublados de sombras ágiles
Sordo de los autos, preocupado de la mano que lo rescate
Con aliento de gasolina y cansado de piernas altas
Arrastrando sus zapatillas y cordones de herida
Siguiendo luces rojas cerca de las nubes
Esquivando lo que camine con maletas
Ignorando el parpadeo de las luces verdes
Ruedas congeladas al vapor de un freno
De un niño perdido, con zapatillas en el gris del piso
y cordones desabrochados
De bocinas distorsionadas en un eco
El sonido de las rejas vuelven a chillar,
por los gritos de las piernas altas,
en una tarde fría, de maletas y piernas, pero no de manos.
El Alicurco
Sigue abandonado entre piernas y zapatos negros
Perdido en el frío del cemento
Asfixiado por el llanto y la rapidez de piernas que lo embisten
Zapatillas desabrochadas lo dejan en potencia de un golpe al piso
Pero sus gritos son perdidos por el gris
Sólo chillan las rejas de los portones
Con los ojos nublados de sombras ágiles
Sordo de los autos, preocupado de la mano que lo rescate
Con aliento de gasolina y cansado de piernas altas
Arrastrando sus zapatillas y cordones de herida
Siguiendo luces rojas cerca de las nubes
Esquivando lo que camine con maletas
Ignorando el parpadeo de las luces verdes
Ruedas congeladas al vapor de un freno
De un niño perdido, con zapatillas en el gris del piso
y cordones desabrochados
De bocinas distorsionadas en un eco
El sonido de las rejas vuelven a chillar,
por los gritos de las piernas altas,
en una tarde fría, de maletas y piernas, pero no de manos.
El Alicurco
domingo, 9 de mayo de 2010
Pan añejo
A veces tu cabeza nublada se deja de ideas estancadas.
A veces quieres mucho, nada en particular, sólo quieres.
Otras, sientes una pena tan grande que se te vacían los huesos.
En particular, las cosas efímeras son la fuente de tu amor.
Te enamoraste de alguien, no por lo que es, sino, por esa escena.
Te has quedado observando afuera, detrás del vidrio de la panadería, viendo como ella pide el kilo de pan para la once. No la escuchas, ni ella a ti, estás demasiado preocupado de sus manos, de lo que mira, de como mueve su boca en un silencio de calle.
Deseas que te mire, pero no tanto, solo basta con que ella esté allí, a esa hora de la tarde y en ese mismo lugar.
Piensas ahora en volver mañana, mejor aún, buscarla ahora mismo, darle el beso de su vida y no dejarla escapar jamás.
Esa fantasía te corrompe el sueño, un delirio en el que piensas cada vez que te pones las zapatillas. Ahora quieres suspirar, porque sabes que no está aquí contigo, está allá, probablemente comprado algo en la panadería, qué se yo, un dulce.
Pero prefieres mil veces ser ese dulce que estar acá, en tu pieza, que te sabe a nada, con esas zapatillas que todavía no atas.
Podrías salir corriendo ahora mismo e ir a buscarla, sabes que está allá esperando a que llegues tú, tal vez no sepa que existes, pero tú sí. Da un paso, tan solo uno fuera de tu pieza, ahora da ese mismo paso hasta la panadería, piensa en dos pasos simples, pasos que te conviertan en el dulce que ahora mismo debe estar metiéndose a la boca.
Qué escena la que has construido, acelera el paso, ese ahogamiento de sentirte volando es lo que esperaste toda la vida. Sácate una foto y mira como tus piernas se extienden hasta quedar ambas en el aire, como un caballo del derby.
No pares, no respires, no te ates las zapatillas, no sigas el ritmo, que no te paren las luces rojas, llega antes que se vaya, es la oportunidad.
Nunca te has sentido con tan poco equilibrio, a tan pocos metros, la vitrina te espera con el olor de la tarde a pan fresco. Si todo ese correr se hizo tan fácil, no dejes que tus piernas tiemblen ahora, nadie ha vomitado por el olor a pan de once.
Acércate, de a poco, ella tal vez nunca te ha visto, ese silencio de calle lo acabarás con tus temblorosas piernas. Sabrás su voz, no callará por la vitrina, sabes que esa voz la has escuchado en tus sueños, en tus mañanas y noches de zapatilla.
Algunas veces crees que el amor no viene a ser nada en particular, solo sientes que es amor.
A veces, sientes una pena tan grande, que sentarte afuera de la panadería es sentir que tus piernas ya no tienen huesos.
Otras veces prefieres que tu mente esté vacía de dulces, de tardes y de zapatillas.
Pero lo que sientes ahora mismo, es que el pan, está añejo.
A veces quieres mucho, nada en particular, sólo quieres.
Otras, sientes una pena tan grande que se te vacían los huesos.
En particular, las cosas efímeras son la fuente de tu amor.
Te enamoraste de alguien, no por lo que es, sino, por esa escena.
Te has quedado observando afuera, detrás del vidrio de la panadería, viendo como ella pide el kilo de pan para la once. No la escuchas, ni ella a ti, estás demasiado preocupado de sus manos, de lo que mira, de como mueve su boca en un silencio de calle.
Deseas que te mire, pero no tanto, solo basta con que ella esté allí, a esa hora de la tarde y en ese mismo lugar.
Piensas ahora en volver mañana, mejor aún, buscarla ahora mismo, darle el beso de su vida y no dejarla escapar jamás.
Esa fantasía te corrompe el sueño, un delirio en el que piensas cada vez que te pones las zapatillas. Ahora quieres suspirar, porque sabes que no está aquí contigo, está allá, probablemente comprado algo en la panadería, qué se yo, un dulce.
Pero prefieres mil veces ser ese dulce que estar acá, en tu pieza, que te sabe a nada, con esas zapatillas que todavía no atas.
Podrías salir corriendo ahora mismo e ir a buscarla, sabes que está allá esperando a que llegues tú, tal vez no sepa que existes, pero tú sí. Da un paso, tan solo uno fuera de tu pieza, ahora da ese mismo paso hasta la panadería, piensa en dos pasos simples, pasos que te conviertan en el dulce que ahora mismo debe estar metiéndose a la boca.
Qué escena la que has construido, acelera el paso, ese ahogamiento de sentirte volando es lo que esperaste toda la vida. Sácate una foto y mira como tus piernas se extienden hasta quedar ambas en el aire, como un caballo del derby.
No pares, no respires, no te ates las zapatillas, no sigas el ritmo, que no te paren las luces rojas, llega antes que se vaya, es la oportunidad.
Nunca te has sentido con tan poco equilibrio, a tan pocos metros, la vitrina te espera con el olor de la tarde a pan fresco. Si todo ese correr se hizo tan fácil, no dejes que tus piernas tiemblen ahora, nadie ha vomitado por el olor a pan de once.
Acércate, de a poco, ella tal vez nunca te ha visto, ese silencio de calle lo acabarás con tus temblorosas piernas. Sabrás su voz, no callará por la vitrina, sabes que esa voz la has escuchado en tus sueños, en tus mañanas y noches de zapatilla.
Algunas veces crees que el amor no viene a ser nada en particular, solo sientes que es amor.
A veces, sientes una pena tan grande, que sentarte afuera de la panadería es sentir que tus piernas ya no tienen huesos.
Otras veces prefieres que tu mente esté vacía de dulces, de tardes y de zapatillas.
Pero lo que sientes ahora mismo, es que el pan, está añejo.
viernes, 30 de abril de 2010
Noche invertida
Una figura desteñida de un color impropio, unida a alguien a quién no conoce.
No es el dueño el que vive en un cuerpo extraterrestre, unida por sus pies, separada por la luz, y apagada por la penumbra.
Su incomprensión es este mundo desconocido, repleto de espejos coloridos y de transparencias y objetos toscos hacen que cambie de forma.
Se alarga cuando tratan de intensificarla a lo lejos, ve mejor por las noches, y casi se ausenta en las mañanas. Si se pone borrosa, es porque alguien se pone a escribir en una tarde solitaria de su pasado.
Si es vista, es porque alguien camina por una calle solitaria y se encuentra mirando el suelo. Si se ve irregular es porque alguien ya ha caminado antes que esa persona por una playa de luna llena.
El cuerpo de color impropio, desconocido por los espejos, con aires de pies que levantan tierra y mueven piedras. La que camina detrás de los pies, lejos de alguien a quién está aferrada, y cuando trata de parecerse a la distancia de las cabezas y a los cuerpos ajenos.
La que se encuentra en chistes de mundo, en encuentros y desencuentros con su amo invertido. Pero en esas noches invertidas de luz y zancudos en los faroles, es una copia invertida que danza en ángulos indefinibles a esas horas de la madrugada en una plaza fría.
El Alicurco
No es el dueño el que vive en un cuerpo extraterrestre, unida por sus pies, separada por la luz, y apagada por la penumbra.
Su incomprensión es este mundo desconocido, repleto de espejos coloridos y de transparencias y objetos toscos hacen que cambie de forma.
Se alarga cuando tratan de intensificarla a lo lejos, ve mejor por las noches, y casi se ausenta en las mañanas. Si se pone borrosa, es porque alguien se pone a escribir en una tarde solitaria de su pasado.
Si es vista, es porque alguien camina por una calle solitaria y se encuentra mirando el suelo. Si se ve irregular es porque alguien ya ha caminado antes que esa persona por una playa de luna llena.
El cuerpo de color impropio, desconocido por los espejos, con aires de pies que levantan tierra y mueven piedras. La que camina detrás de los pies, lejos de alguien a quién está aferrada, y cuando trata de parecerse a la distancia de las cabezas y a los cuerpos ajenos.
La que se encuentra en chistes de mundo, en encuentros y desencuentros con su amo invertido. Pero en esas noches invertidas de luz y zancudos en los faroles, es una copia invertida que danza en ángulos indefinibles a esas horas de la madrugada en una plaza fría.
El Alicurco
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